La casa Elena busca el mar. Lo intuye entre esquinas abiertas, entre fugas que rompen el volumen para dejar pasar la luz, el aire y las vistas lejanas. La casa se despliega como un juego de niveles y transparencias: se eleva para abrazar el jardín, se hunde para dar intimidad al estudio donde ella acompaña y escucha. Un lugar contenido, entre patios que filtran la claridad y el silencio.
La planta baja es libre, fluida, pensada para respirar hacia el exterior. La cocina se alinea con el jardín, funcionando como un puente entre lo interior y lo verde. El jardín aparece como pausa, como pulmón, como transición entre el trabajo y la vida.
Arriba, el dormitorio de Elena se orienta hacia la calma del jardín, rompiendo la esquina para alcanzar el sur. La habitación de su hijo
acompaña el despertar del día. Y la sala luminosa, la que flota con vistas al mar, queda abierta a lo inesperado: un lugar para jugar, leer o simplemente detenerse y mirar lejos.
Casa Elena se perfora donde necesita la luz, se abre en sus esquinas para alcanzar el mar, abraza el jardín y sus árboles como parte de la vida que contiene. Un refugio que acompaña, respira y cuida.
Coordinación: ECOLAB CANNOVA Arquitectura: KLA.labstudio – Agustina Kreutzer, Roger Llimós